Este trimestre hemos tenido que elaborar al menos dos obras teatro como mínimo.
Nuestro grupo a escogido dos que nos han influenciado de gran manera.
Estas historias se las hemos contado a cursos de Primaria e Infantil, con el fin de transmitirle a los más pequeños como vivían los griegos y para que hallasen el significado de los mitos.
En estas obras nos hemos ido rotando los personajes acorde con la personalidad de cada uno.
Para terminar quería decirles que hemos realizado de Apolo y Dafne, y Orfeo en el Infierno.
Según la mitología, Marte -dios de la Guerra-, y Apolo -dios del Sol, relacionado con los poderes omniscientes del razonamiento- se reúnen como consecuencia de haber descubierto éste la relación entre Marte y Venus, esposa de Vulcano. Apolo, que estaba al corriente del adulterio al ver todo lo que ocurría en el mundo, visitó a Vulcano en su fragua para revelarle la infidelidad de su esposa.
Esta historia mitológica parece ser el motor del encuentro de los protagonistas del presente dibujo. Marte levanta las manos, asombrado de verse descubierto. Pero hay una posición alternativa de la mano izquierda empuñando la espada, como si estuviera encolerizado, aunque es evidente que esta segunda versión le creó problemas al artista y terminó por abandonarla en una maraña de líneas a pluma. La figura afeminada de Apolo mira a Marte sin alterarse, con la mano izquierda en el pecho como si proclamara su propia inocencia, y la derecha gesticulando en reconocimiento de la innegable verdad. Detrás de él, en el suelo, se encuentra su atributo: una lira.
La atribución tradicional de este magnífico dibujo a Il Bergamasco es indudablemente correcta. El estilo apunta al periodo español del artista, entre 1566/67 y 1569 aproximadamente, y la antigua procedencia española del dibujo podría tomarse como una especie de apoyo circunstancial para situarlo en esta fecha. Sin embargo, todavía está muy patente en el trazo a pluma la influencia de los últimos dibujos.
Este cuadro se encuentra en el Museo del Prado de Madrid.
Representación del Parnaso, monte mitológico consagrado a Apolo y las Musas. Es una celebración de las Artes, especialmente de la Poesía. Apolo ofrece el néctar de los dioses a un poeta, probablemente Homero, coronado de laurel por Calíope, la musa de la poesía épica. En primer plano dos amorcillos ofrecen a los poetas el agua inspiradora que mana de la Fuente Castalia, personificada por la mujer desnuda. Inspirado en el fresco de Rafael en el Vaticano, es quizás un homenaje al poeta italiano Giovanni Battista Marino (1569 1625), mecenas de Poussin. Se conserva un dibujo preparatorio de esta obra en la colección G. Wildenstein y un grabado realizado por Jean Dughet antes de 1667.
1636 - 1638 Ésta es una de las historias sobre Apolo que aparecen en la decoración de la Torre de la Parada. A través de ellas se muestran tanto los triunfos y glorias del dios como sus fracasos. La composición varía un poco del relato de Ovidio para representar diferentes momentos de la historia; mientras Pan aún sigue tocando su caña Tmolo corona de laurel a Apolo como vencedor, algo que Ovidio no dice ya que describe al dios como ya coronado. Además Febo no está tocando su cítara sino que, con un rostro descontento, señala al rey Midas para castigarlo con las orejas de burro. A pesar de esta libertad sí se aprecian algunos de los detalles de la narración, como la corona de encina de Tmolo o el color de la túnica de Apolo. El lienzo fue realizado por J. Jordaens, artista que cuenta con al menos cinco colaboraciones en esta serie. En este encargo de la Torre de la Parada, este artista realiza algunas obras de complicada ejecución y con bastantes personajes como La caída de los Gigantes (P1539), Las bodas de Tetis y Peleo (P1634) y ésta. A pesar de que compositivamente no hay apenas cambios con respecto al boceto, conservado hoy en los Museos Reales de Bellas Artes de Bélgica en Bruselas (inv.4128), si que existen ciertas diferencias con respecto al tratamiento de los rostros de los personajes, que parecen mucho más relajados en el lienzo. El Apolo de Rubens aparece con el rostro más girado hacia el espectador y más enojado que en el lienzo, incluso físicamente tiene más presencia y rotundidad. S. Alpers, autora del único estudio completo del encargo de Rubens para la Torre de la Parada hasta la fecha, señala que la figura del dios está inspirada en el Apolo de Belvedere aunque con diferente pose. La copia que Juan Bautista Martínez del Mazo realizó de este lienzo (P-1712) se ve en el fondo de "Las Meninas".
Latona da a luz a Diana y a Apolo en los brazos de dos jóvenes doncellas, rodeada de mujeres y niños que la acompañan en el dolor, próximos al pórtico de un templo. En primer plano, un nuevo grupo de niños contribuyen al efecto de la profundidad, con recursos manieristas comunes en Julio Romano y Primaticcio.
En el inventario de la casa de Pastrana, el tema de dibujo se tenía por la muerte de Pandora. La identificación del tema no es fácil de esclarecer. La niña en el centro de la escena sería Diana que nació antes que Apolo. Se distingue bien del resto de los niños desnudos. La proximidad de madres y niños explica la acción benefactora de la diosa del nacimiento, la reproducción y la fecundidad. Como la muerte de Latona figura el tema en el registro de donación de la colección Pastrana al Museo del Prado. No obstante, podría bien tratarse del desmayo de Andrómaca al conocer la muerte de Héctor, pintura de Primaticcio que sirvió de fuente directa a Rubens. El dibujo es severo, de formas robustas y sentidos valores plásticos. Los modelos se resumen en esquemas simplificados. La influencia de la escultura antigua es sensible en la composición, del más puro manierismo italo-francés. Los personajes llenan el espacio y el constructivismo formal no resta valores expresivos, que aunque parcos son evidentes en el grupo de mujeres que ayudan a Latona o Andrómaca en el desmayo (Texto extractado de Díaz Padrón, M.: Pedro Pablo Rubens (1577-1640): Exposición Homenaje, 1978, p. 133).
Apolo y las nueve musas es un cuadro del pintor francés Gustave Moreau, realizado en 1856, que se encuentra en una colección privada.
Apolo, hijo de Zeus y Leto, es uno de los dioses olímpicos, el de la belleza masculina y la plenitud de la fuerza física. Patrono de la música y la poesía, preside las artes y el pensamiento, siendo su figura la de musageta o encargado de dirigir a las inspiradoras de las artes, las musas.
Un Apolo de porte masculino pero rostro afeminado, con atributos vegetales en ambas manos, es rodeado por las nueve musas inspiradoras desde las cercanías de la fuente del Parnaso de artistas, músicos y poetas.
Desde el romanticismo, el dios Apolo recuperará la representación del impulso inspirador de artistas, con múltiples referencias en obras literarias de John Keats (Hiperión, 1819) o incluso Nietzsche (El nacimiento de la tragedia, (1872).
Esta obra se encuntra en el museo Galeria Farnesio
Estilo Barroco Italiano.
Annibale Carracci recibió uno de sus más importantes encargos para la familia Farnesio en su palacio de Roma. El trabajo consistía en una serie de decoraciones murales al fresco con escenas mitológicas. Las escenas debían adaptarse al marco arquitectónico que dejaban libres las molduras de adorno de las paredes. Así, el marco resulta en formato rectangular irregular, que el artista rellena con el suelo del paisaje. En esta escena, dedicada a Mercurio y Apolo, podemos ver a ambos dioses en medio de un paisaje ideal, con ruinas clásicas a la izquierda. El mensajero de los dioses y dios del comercio entrega a Apolo la lira que será su atributo característico. Ambas figuras recurren a modelos clasicistas del Renacimiento, pues ésta era la tendencia artística de su autor.
En poesía lírica, como en otros campos de la cultura, la Grecia de los siglos anteriores al cristianismo sentó unas bases que todavía sustentan nuestra civilización. Una gran parte de esta producción gira en torno a las manifestaciones del erotismo. Y, desde nuestra perspectiva actual, la primitiva lírica amorosa griega es mayoritariamente homoerótica. Este “homoerotismo” echaba sus raíces en unas instituciones educativas y sociales que se fueron “degradando” conforme desaparecía lo que conocen.
Apollon musagète (traducido en castellano como Apolo Musageta, o Apolo), es un ballet en dos actos compuesto entre 1927 y 1928 por Ígor Stravinski para la compañía de los Ballets Rusos. Este ballet está basado, claramente, en la antigüedad, por lo que hace referencia al tema, pero el argumento propone una situación contemporánea; se trata, por tanto, de una reinvención de la tradición, pero su inspiración es clásica. La orquesta se simplificó (sólo hay cuerda).
El ballet es una obra de encargo hecha por la mecenas estadounidense Elisabeth Sprague Coolidge, que quería regalarla al Biblioteca del Congreso. Después de Edipo rey, Stravinski se inspiró de nuevo en la antigüedad griega y recreó el tema de Apolo dando clases a las musas e instruyéndolas en su arte.
Eligió un ballet blanco, que compuso para un efectivo instrumental depurado compuesto por una orquesta de cuerda de 34 instrumentos: 8 primeros violines, 8 segundos violines, 6 violas, 4 primeros violonchelos, 4 segundos violonchelos y 4 contrabajos. Su duración es de 30 minutos.
Los personajes son: Apolo y tres musas, Calíope (musa de la poesía); Polimnia (musa de la retórica) y Terpsícore (musa de la danza). El tema: Apolo musageta (‘maestro de las musas’) instruye a las musas en sus artes llevándolas al Parnaso. El ballet comprende dos actos:
Lifar, Danilova, Chernysheva, Dubrovska y Petrova. Ca. 1928.
Joven tocando el laúd es un cuadro de Caravaggio pintado en 1595 y que también ha recibido los nombres de El tañedor de laúd y El intérprete de laúd. Está ubicado en el museo ruso del Hermitage.1 Como un homenaje a Del Monte, su protector y gran aficionado de la música, Caravaggio pinta esta obra. Se puede afirmar que el joven modelo es casi el mismo que aparece como figura central en Los músicos. El estudio de la partitura ha llegado a afirmar que la melodía tocada por el joven es obra de Jacques Arcadelt, francés amigo de Del Monte. En principio, se pensó que el cuadro representaba a una joven dama, pero la evolución del estudio pictórico afirma que se trata de un muchacho con evidentes rasgos andróginos. Así, Caravaggio logra uno de sus cuadros más bellos, donde la música es representada con un ideal de perfección, por un modelo de ambos sexos. En los escorzos del laúd y del instrumento sobre la mesa se aprecian sus enseñanzas lombardas en la forma de representar la perspectiva. Los labios entreabiertos y el movimiento de la mano nos muestran la forma de representar el natural que perseguía el artista. En la zona izquierda del cuadro se aprecia un jarrón con flores que idealiza la belleza de la naturaleza con la belleza de sus frutos, en paralelo la belleza del trabajo en la partitura se idealiza en el canto de la joven que interpreta el madrigal relativo al amor idealizado que triunfa sobre el amor físico gracias a la perfecta sincronía de todos los elementos de la composición. Existe un tercer elemento implícito derivado del trabajo realizado por el propio autor en relación a la identidad del tañedor del laud.
El mito narra que el dios Eros quiso vengarse de la arrogancia de Apolo hiriéndole con una flecha dorada que causara un amor inmediato a este. A la ninfa Dafne la hirió con una flecha de plomo, que causaba el efecto contrario, el rechazo amoroso. Cuando Apolo vio a Dafne, se lanzó en su persecución (momento que ilustra el cuadro) mientras Dafne huía de él. Finalmente, el padre de Dafne el río Peneo, (o la Madre Tierra, según otra versión),2 la convertiría en un laurel instantes antes de ser alcanzada por Apolo, escena también muy representada en el arte.
Apolo y Dafne es un cuadro del pintor barroco italiano Francesco Albani. Lo ejecutó entre 1615 y 1620 y está ubicado en el Museo del Louvre.1 La obra escenifica un pasaje de la leyenda descrito por Ovidio en Las metamorfosis.
Las metamorfosis son una serie de mitos que narran la creación del mundo y la hermosura humana
El Olimpo es la montaña más alta de Grecia y segunda de los Balcanes con 2919 m.
Situado entre las regiones griegas de Tesalia y Macedonia, es reserva natural griega desde 1938 y patrimonio natural de la Unión Europea desde 1981, en su categoría de reserva de la biosfera.
Para la mitología griega, el Olimpo era el hogar de los dioses olímpicos, los principales dioses del panteón griego, presididos por Zeus. Los griegos creían que en él había construido mansiones de cristal en las que moraban los dioses.
Como ocurre con otros aspectos y elementos de la mitología, el número e identidad de los dioses que habitaban ese Olimpo (el llamado «Concilio de los dioses») es impreciso de acuerdo con la tradición. Parece que su número era doce, siendo este un posible listado original
Estaba dividido en partes que le correspondían a los diferentes dioses.
Nos encontramos delante de un cuadro de Tiepolo donde nos narra según la tradición, de cómo el dios Apolo hirió un día a su amigo Jacinto al lanzar un disco en una noble competición. Un soberano alemán, el conde Guillermo de Schaumburg- Lippe, pidió al pintor veneciano Tiepolo que le hiciera una versión especial de este episodio. En esta versión no es el disco el causante de la muerte, sino una pelota de tenis lanzada con demasiada fuerza por Apolo. El gran cuadro pertenece a la colección Thyssen. Un joven de clara piel resplandeciente aparece tendido en una decorativa pose de abandono sobre un paño de seda tornasolado. Delicado y afeminado, así es como Tiepolo ha representado al amante agonizante del dios Apolo.
El conde de refinado sentido artístico conocía naturalmente las Metamorfosis de Ovidio, una de las obras indispensables en la formación clásica. En el X libro se cuenta la historia de Jacinto que amaba a Apolo. Los dos amigos se divertían con los deportes. Según Ovidio el fuerte sentimiento de culpabilidad atormentaba al dios. Existía un fuerte sentimiento de culpa por parte del dios. De hecho, Apolo hizo que de la sangre del adolescente brotara una flor que desde entonces lleva su nombre.
El pintor compuso la escena de Jacinto, el favorito del dios herido de muerte, entre 1752 y 1753, por lo menos eso piensan los estudiosos de la obra de Tiepolo. Por aquel entonces el veneciano era uno de los pintores mas afamados de toda Europa. La luminosidad de sus obras, el brillante colorido y el gusto por los personajes hermosos e idealizados, respondía perfectamente a los gustos de los aficionados del arte.
El conde Guillermo contaba con 28 aproximadamente cuando pidió la realización de este cuadro. Había nacido en Londres donde su padre ocupaba un puesto importante en la corte de Jorge I. Había estudiado en Ginebra y en Leyden, hablaba un francés muy elegante y amaba la música. Apreciaba mucho la pintura, y ya en su juventud había comprado grabados de francés Callot.
La fragua de Vulcano es una obra de Diego Velázquez pintada en Roma en 1630, según informa Antonio Palomino, durante su primer viaje a Italia y junto a La túnica de José, opinión compartida por la crítica. Ambos cuadros fueron pintados sin mediación de encargo, por iniciativa del propio pintor quien los conservó en su poder hasta 1634, vendiéndolos a la corona en esta fecha, junto con otras obras de mano ajena, para la decoración del nuevo Palacio del Buen Retiro.1 Actualmente se encuentra en el Museo del Prado donde ingresó el 5 de agosto de 1819.
Esta obra es uno de los mejores cuadros de Diego Velázquez que pueden contemplarse en el Museo del Prado es el que lleva la denominación de La fragua de Vulcano, lienzo en el que el pintor sevillano exhibe no solo un dominio del cromatismo ocre sino también un completo conocimiento de la anatomía masculina.
La escena de la obra nos muestra el momento en el que el dios Apolo se presenta ante un sorprendido Vulcano y al que le narra las infidelidades de su esposa Venus con el dios Marte.
La cabeza de Apolo se la presenta coronada de laurel y nimbada, como si fuera el foco de luz a partir del cual se ilumina la fragua, así como los cuerpos de Vulcano y de los cuatro cíclopes que le acompañan en su trabajo.
Para la realización del cuadro, Velázquez eligió a personajes reales, rudos individuos que le sirvieran de modelos para construir la escena de un oficio cuyo trabajo conocían, por lo que son mostrados llevando a cabo las distintas tareas de la forja.
Todos ellos también reflejan en sus rostros la sorpresa ante la noticia que recibe Vulcano, cuya cojera se percibe por el marcado desnivel de sus hombros y en la curva que presenta la cadera. Por otro lado, cabría indicar, tal como he apuntado anteriormente, el claro dominio del pintor de la anatomía masculina, pues presenta al conjunto de personajes en diferentes posturas: de frente, de espaldas y de perfil.
Apolo y Dafne es una escultura realizada por el italiano Gian Lorenzo Bernini entre los años 1622 y 1625. Pertenece al estilo barroco. Se trata de un grupo escultórico de mármol y de tamaño natural expuesto en la Galería Borghese (Roma).
Bernini captura la transformación de Dafne con intensa emoción, retratando las diferentes etapas de sus cambios. Al igual que sucede en otra de sus obras, el Rapto de Proserpina, la obra nos pide que interactuemos con ella: vista desde la espalda de Apolo, la figura de Dafne queda oculta, mostrándonos sólo el árbol en que se transforma, de modo que girando alrededor de la estatua tenemos una visión en el tiempo de la metamorfosis de la ninfa.
Aunque Apolo predicaba la virtud griega de la Sofrosina, la moderación y la sobriedad, esta estatua le muestra persiguiendo desesperadamente a su amor, en vano.
Esta escultura se inspiró en el Apolo Belvedere de Leocares. La composición se realiza en plano-relieve, encontrándose llena de dinamismo y difuminación. El grito de horror de Dafne y el rostro perplejo de Apolo nos muestran un contraste de actitudes y aspectos que reflejan el interés por la representación de las esculturas.Esta preocupación por la expresividad muestra una gran utilización del pathos (capacidad del personaje de mostrar sus sentimientos). Dafne parece desconocer su transformación según mira hacia atrás por encima de su hombro, con los labios entreabiertos por el miedo. Su repentina detención, a consecuencia de su transformación, muestra el cabello de Dafne inmortalizado mientras gira. Mientras, Apolo se muestra estupefacto, no puede creer lo que ven sus ojos.
Ovidio cuenta esta historia en el libro I (435-450) de las Metamorfosis: "(...) Gigantesco Pitón, te engendró ella entonces y eras el terror, serpiente desconocida, de los nuevos pueblos: tamaño espacio ocupabas en la montaña. El dios arquero, que nunca antes había usado tales armas sino con los gamos y las cabras fugitivas, la exterminó, acribillándola con mil dardos que casi dejaron vacía su aljaba, derramándose el veneno a través de su negras heridas".
Si bien el desenlace de este episodio es lo que aparece en este lienzo, Rubens ideó la composición como el punto y final de una historia y el desencadenante de otro ya que, más adelante Ovidio cuenta como Apolo se burló de Cupido por su condición de arquero, que no podía compararse a la del dios del sol. De esta forma Cupido lanzó una de sus flechas a Apolo, demostrando la superioridad del dios niño sobre el adulto. De los dos tipos de flechas de Cupido, una para el amor triunfante y otra para el amor no correspondido, lanzó esta última a Apolo que vio como su Amor por Dafne acababa con la metamorfosis de ésta en un árbol, episodio que también pintó C. de Vos para esta serie (P1714). Ambos lienzos guardan relación en el tratamiento de los dos Apolos, algo que se aprecia en los ropajes y en la propia figura. S. Alpers, autora del único estudio completo del encargo de Rubens para la Torre de la Parada hasta la fecha, observó un pentimento en el pie derecho de Apolo, algo que J. Held también observa en el boceto, por lo que éste habría sufrido algún cambio.
La historia guarda ciertas concomitancias con Cadmo y Minerva (P1713) ya que en él vemos como ambos han vencido a una gran serpiente y se vanaglorian de ello. Los dos reciben la visita de un dios, en el caso de Apolo es Cupido y con Cadmo Minerva, que serán los desencadenantes de lo que sucederá a continuación. En la obra de Apolo no vemos que sucede después, a diferencia de la historia de Cadmo. El autor de esta obra, Cornelis de Vos, realizó cuatro lienzos para la serie, Apolo persiguiendo a Dafne (P1714), El Triunfo de Baco (P1860), El nacimiento de Venus (P1862) y éste. El estilo de C. de Vos se diferencia en el tipo de pincelada, menos enérgica y suelta que la de Rubens, lo que resta fuerza a las composiciones con respecto a los bocetos, conservado el de esta composición en el Museo del Prado (P2040), algo común en los lienzos de esta serie. Sin embargo sigue muy fielmente las composiciones de Rubens.
Podéis visualizar cuadros y esculturas de Apolo en este link: https://www.museodelprado.es/
El Apolo Sauróctono era una estatua de bronce y de tamaño natural realizada por Praxíteles en el siglo IV a.C. Es mencionada por Plinio y representaba a Apolo en su adolescencia a punto de herir a un pequeño lagarto que trepaba por el tronco de un árbol. Aparece representado en monedas de Nicópolis. La escultura que vemos en realidad no es el original realizado por el escultor griego Praxíteles durante la segunda mitad del siglo IV antes de Cristo, se estima que en torno al año 360 a. C. En realidad, el original se perdió y la conocemos gracias a copias hechas en época romana, algo muy habitual con las esculturas de la Grecia clásica. Alguna de esas copias se hicieron a escala y en bronce, material en el que también hizo Praxíteles el original. Varias de estas copias forman parte de importantes colecciones de arte antiguo ya que las hay en el museo del Louvre de París o en los Museos Vaticanos de Roma.
Vemos a joven Apolo inclinado y contemplando el tronco del árbol, más bien el lagarto que sube por él. Y lo que pretende Apolo no es sólo contemplar al lagarto sino acabar cazándolo. Esta idea es motivo suficiente para que Praxíteles coloqué al protagonista con su habitual inclinación, la conocida como curva praxiteliana, que también la podemos ver en la obra más famosa de este autor: el Hermes con Dionisios niño.
Es decir, tanto la postura de Apolo como la presencia del tronco que sirve de soporte a la propia figura,
orman parte de la composición narrativa de la escultura.
Nos presenta a un dios Apolo de aspecto aniñado y un tanto afeminado, jugando con un animal. Y por lo tanto casi se pude considerar una obra irrespetuosa hacia uno de los dioses más importantes y querido del Olimpo griego. Sin embargo, la imagen también tiene otras interpretaciones. Una de ellas es simbolizar la fábula en la que se cuenta que Apolo mata a la Pitón y aquí sería una interpretación en versión juvenil, con un dios niño y un reptil convertido en un pequeño lagarto.
Originariamente recibió de nombre Pito, y se llamaba así aún en la época de la guerra de Troya. Después pasó a llamrse Pitón, como la serpiente de Gea, que aguardaba el antiguo oráculo de la diosa Temis. Se dice que, después de matar a la serpiente, Apolo fundó su oráculo en este lugar. Entonces tomó como primeros sacerdotes a navegantes cretenses, a los que apareció y guió en forma de delfín. Así los condujo al Golfo de Corintio y seguidamente los llevó al monte Parnaso.
Ell oráculo de Delfos, en el Santuario de Delfos, fue un lugar de consulta a los dioses, en el templo sagrado dedicado principalmente al dios Apolo. Situado en Grecia, en la actual villa de Delfos, al pie del monte Parnaso, consagrado al propio dios y a las musas, en medio de las montañas de la Fócida, a 700 m sobre el nivel del mar y a 9,5 km de distancia del golfo de Corinto.
Ellos dieron el nombre de Delfos a la ciudad, a petición de Apolo, que según la tradición les pidió que se dirigiera a él y lo venerasen bajo el nombre de "Apolo Delfino". El primer templo que se dedicó al dios fue construído con laurel, arbusto consagrado a Apolo (por causa de Dafne). El segundo habría sido construido con cera de abejas y plumas. El tercero fue enteramente hecho de bronce, pero un movimiento sísmico lo derribó. Finalmente los arquitectos Agamedes y Trofinio construyeron el templo definitivo.
Apolo de Belvedere o Apolo pitio es una famosa estatua de mármol representando el dios griego Apolo, formando parte del acervo del Museo Pío-Clementino, una de las unidades de los Museos Vaticanos. Su datación y autoría son disputadas y su procedencia es desconocida, pero generalmente es considerada una copia romana de un original griego que se perdió. Redescubierta en el Renacimiento, fue expuesta en el Cortile del Belvedere del Vaticano a partir de 1511, y de ahí recibió su nombre. Luego se volvió célebre, y durante mucho tiempo fue considerada la representación ideal de la perfección física masculina y una de las más importantes reliquias de la Antigüedad clásica. Fue copiada varias veces, reproducida en grabados de larga circulación y asumió el papel de uno de los principales símbolos de la civilización occidental. A partir de mediados del siglo XIX su prestigio comenzó a declinar, y en la primera mitad del siglo XX llegó a su nivel más bajo, vista como una creación sin expresión. Actualmente ha recuperado parte de su antigua fama, y aunque varios estudiosos todavía sean reticentes con respecto a su mérito artístico, se ha consagrado como la más conocida de las representaciones del dios, y como un icono muy popular.